Antes de iniciar lo que tengo intención de iniciar, sería menester hacer una breve presentación a los estimados lectores de este blog sobre quién soy yo y que vengo a hacer aquí.
Un perspicaz lector habitual de este espacio web ya tendrá alguna idea al respecto de ello, y si no es así, será porque quizás no haya puesto demasiado interés en eso de retener ciertos nombres.
Yo no alimentaré la confusión: por tanto, no seré yo quién diga como me llamo. Si el interés fuera más allá de lo razonable, le aconsejo la estricta observancia de los post anteriores: pronto satisfará su curiosidad.
Creo que con lo dicho quedo sobradamente presentado.
Lo que vengo a decirles aquí, es que Alicia, la apasionada pintora de la historia que nos concierne, ha emprendido su camino a través de la selva de la imaginación de su escritor.
Vete tú a saber qué trepidantes emociones le depara el futuro, cuántas decepciones, desventuras y convulsiones de su alma vendrá a padecer. La peripecia está garantizada: es condición sine qua non de su existencia por ser un personaje de la gran pantalla. No le queda otra por tanto, que devenir en un meticuloso y planificado caos. Aquel tumulto de situaciones adversas que el escritor trata de recrear, en estricta observancia de la realidad, para que los personajes reaccionen y tomen posesión de sus vidas (lease a Unamuno).
Alicia ya existe. Mi trabajo es diseñar el contexto. Ella es libre de tomar sus decisiones en él.
Alicia hace camino al andar.